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Transporte, tema clave en CNA de 1970

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Los riesgos se asociaban con los animales peligrosos. El  orden público no era inconveniente, asegura uno de los censistas de la época.

A sus 72 años, Franco Sigifredo Romo Rusero recuerda de manera clara su primer trabajo, el que lo acercó a la agricultura y el que le permitió conocer de primera mano las necesidades del productor rural.

Se desempeñó, tras su grado en agronomía de la Universidad de Nariño, como coordinador Municipal del Segundo Censo Nacional Agropecuario de 1970.

Con una lucidez que asombra, este hombre nacido en el municipio de Colón del Valle del Sibundoy en Putumayo, asegura que este primer desempeño laboral lo llevó a conocer la extrema pobreza en la que vivían hace cuatro décadas gran parte de los agricultores del sur del país y a trabajar durante toda su vida por el desarrollo rural colombiano.

"Terminé mi bachillerato y trabajé con un hermano en carpintería, pero solo hasta graduarme como profesional obtuve mi primer trabajo en el DANE como coordinador de los municipios de la provincia de Obando para el censo en Nariño, lo que cambió mi perspectiva del campo" asegura.

Sin la tramitología ni la burocracia que caracteriza algunos procesos de contratación actuales, "don Franco" presentó su curriculum a la convocatoria abierta para el censo, en donde lo nombraron en el cargo desempeñando una variedad de actividades.

"Trabajé capacitando y evaluando a los censistas en el diligenciamiento del formulario, como administrador de los procesos de mi provincia y también levantando datos en campo" comenta don Franco quien recuerda aquella vitalidad y energía que tenía a sus 29 años cuando realizó el censo.

En aquel tiempo se debía hacer todo a pie "porque el transporte era muy escaso, debíamos saber el horario de salida de los buses para encontrarnos con los encuestadores porque la sede estaba en Ipiales" indica este hombre de prominente cejas y cabello cano.

Este dificultad hizo del censo una actividad que se abría con la neblina de la madrugada y se cerraba con el frío y la oscuridad de la noche. "El trabajo en campo duró seis meses, teníamos que pedir albergue la mayoría de las veces y solo cada 15 días o mes se reportaba a la sede central", indica don Franco quien en sus ojos se ve reflejado aquel recuerdo de paz y tranquilidad  que se vivía en aquel tiempo.

"No había problemas de orden público como ahora, le temíamos a los bichos, a los animales peligrosos, a una caía por un risco, pero nunca a la guerrilla; los campesinos nos brindaban comida, nos recibían de forma amable, nunca con prevenciones ni desconfianza".

Esto se debía, a como él lo afirma, a la "idiosincrasia del colombiano" pero también a un trabajo de sensibilización realizado por "nosotros mismos, los censistas, quienes nos reuníamos con los presidentes de acción comunal, los cuales comunicaban a los productores la llegada el censo".

"Las largas jornadas"

De esta manera califica don Franco el día a día del censo de 1970, el cual, arrancaba con una maratón atlética. "Al salir de la sede debíamos correr a coger lo que fuera, carro, camión, flota en fin, lo que se atravesara, después caminábamos algún par de horas para llegar a los predios y de ahí, a levantar datos en jornadas de 12 a 15 horas, todo caminando".

Recuerda, igualmente, que el trabajo se hacía con alegría, pues las personas estaban comprometidas con esta labor. "Con los resultados los alcaldes plantearon programas de desarrollo para el sector agropecuario".

Sin embargo, don franco indica que no a todos los subsectores del sector agropecuario llegaron beneficios, "esto se debía a que la información recolectada no era detalla, el formulario era de cuatro hojas y no eran dispendioso para diligenciarlo".

Pero afirma que se indagaba por lo fundamental, "en especial por la parte agrícola, la extensión del terreno, el nombre del dueño del predio, si era propietario o arrendatario, por la clase de cultivo que tenían en ese momento y por el área disponible para los mismos".

Con una risa tranquila para la conversación y subiendo las cejas manifiesta con efusividad, "los animalitos también se contaban, por supuesto las cabezas de ganado de cada predio y el sexo de éstas, no podíamos dejar de cuantificar las especies menores".

La parte demográfica no la dejaban de lado, "se preguntaba por la cantidad de habitantes del hogar y los años de escuela de los padres e hijos".

Con una gran alegría cuenta que después de terminar el trabajo "se recogían los formatos y el jefe departamental levantaba un acta de quién y cuántos entregaba", lo que les permitía acceder a su pago que era entre $800 y $900.

Estos primeros sueldos le permitieron, como lo asegura, crecer profesionalmente, pues este hombre, de tez blanca y estatura media, se ha desempeñado en importantes cargos en entidades como el  Departamento Administrativo de Intendencias y la Gobernación del Putumayo.

Actualmente se dedica a asesorar a distintas entidades en temas rurales, comparte horas con Lilia Melo Chávez, su esposa y con sus dos hijas, así mismo trabaja por el desarrollo del campo, el cual, considera que tendrá un gran avance con la puesta en marcha de este Tercer Censo Nacional Agropecuario.

"Este trabajo estadístico va a dar pautas para el campo, saber qué se debe cosechar, va a incentivar el desarrollo rural; por tal motivo las autoridades nacionales, departamentales y municipales se deben meter en el cuento y no dejar pasar décadas y décadas sin actualizar uno de los sectores más importantes de la economía nacional".

 

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