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El DANE presentó en Bogotá las primeras Cuentas Nacionales de Inclusión de Colombia (2021-2024), en el Seminario sobre envejecimiento y desigualdad en América Latina y el Caribe.
Simone Cecchini, director del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE), palabras de apertura
Durante el 25 y 26 de junio, en la Universidad Piloto de Colombia (Bogotá), se llevó a cabo el Seminario Regional "Envejecimiento en sociedades desiguales: Cuentas Nacionales de Inclusión en América Latina y el Caribe". El evento fue organizado por el CELADE-División de Población de la CEPAL y el Departamento Administrativo Nacional de Estadística de Colombia (DANE), con el apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), y sirvió de escenario para que el DANE presentara los resultados de las primeras Cuentas Nacionales de Inclusión para Colombia, correspondientes a 2021 y 2024, en una versión provisional.
Para dimensionar la importancia de este ejercicio estadístico, es preciso entender que, como se precisa en el boletín técnico de estos indicadores, las Cuentas Nacionales de Inclusión (CNI) amplían el marco de las Cuentas Nacionales de Transferencias (CNTR), permitiendo contar con estimaciones sobre los ingresos laborales, el consumo, el déficit del ciclo de vida, las transferencias públicas y privadas, y otros flujos económicos entre grupos de población definidos según sus características socioeconómicas.
B. Piedad Urdinola, directora del DANE, durante la presentación de los resultados de las CNI
En sus palabras de apertura, B. Piedad Urdinola Contreras, directora del DANE, quien también presentó los resultados de estas cuentas, señaló que, si bien las cifras agregadas dan cuenta del aumento de la expectativa de vida y los cambios en la estructura demográfica, "no siempre nos muestran cómo viven realmente las personas esos procesos. No nos muestran quiénes reciben apoyo y quiénes lo proveen, quienes asumen las responsabilidades de cuidado, cómo se distribuyen los recursos entre generaciones o cómo las desigualdades económicas condicionan las oportunidades a lo largo de la vida". Por esta razón, agregó, "las Cuentas Nacionales de Transferencias, las Cuentas Nacionales de Transferencias del Tiempo y las Cuentas Nacionales de Inclusión son tan importantes".
En el evento, representantes de varios países miembros del CELADE intercambiaron experiencias, buenas prácticas y desafíos en torno a la implementación de las Cuentas Nacionales de Inclusión. El espacio permitió contrastar las particularidades demográficas de Colombia con las de países como México, Jamaica, Costa Rica, Argentina y Uruguay, con los que se comparte la acelerada reducción de la natalidad y el crecimiento sostenido de la población mayor, aunque con diferencias en el grado de adopción de las metodologías internacionales, pues cada país desarrolla matices y enfoques propios para enfrentar sus desafíos demográficos.
Simone Cecchini, director del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE)
A la discusión se sumaron cifras reveladoras compartidas por Simone Cecchini, director del CELADE, quien subrayó la urgencia de aprovechar los datos que ofrecen las Cuentas Nacionales de Inclusión. En palabras del experto: "hoy en día contamos en América Latina y el Caribe con alrededor de 71 millones de personas mayores de 65 años, lo que equivale aproximadamente a un 5% de la población, y para 2050 las proyecciones hablan de unos 138 millones de personas, esto es, alrededor del 18,9 % de la población, o una de cada 5 personas de la región". Para Cecchini, "el crecimiento de este grupo poblacional plantea desafíos para la sostenibilidad de los sistemas pensionales, de salud, del cuidado, así como para la educación y el mercado laboral, al tiempo que abre oportunidades económicas para dinamizar sectores como la industria farmacéutica, el turismo y la vivienda adaptada", entre otros.
En el panel "Estudios de casos sobre Cuentas Nacionales de Inclusión en América Latina y el Caribe", Juan Pablo Cardoso, director técnico de Síntesis y Cuentas Nacionales del DANE, ofreció una mirada complementaria a los indicadores presentados por la directora Urdinola. Entre las conclusiones para el caso colombiano, destacó que el nivel educativo incide directamente en el grado de pobreza monetaria de la población, lo que sugiere que la educación no solo eleva los ingresos laborales, sino que también incrementa de manera notable la productividad. Según Cardoso, si bien las CNI son un insumo valioso, no son suficientes por sí solas para explicar todos los factores que configuran la pobreza; sin embargo, sí generan información clave para orientar políticas públicas focalizadas en los grupos poblacionales con mayores desventajas.
Juan Pablo Cardoso, director técnico de Síntesis y Cuentas Nacionales del DANE, en su intervención durante el panel
Cardoso también señaló que las brechas no solo se presentan en los ingresos laborales, sino en la duración de la autonomía económica de las personas a lo largo de su vida. Explicó que, al dividir a la población en cinco grupos según su nivel de ingresos —de menor a mayor, lo que técnicamente se conoce como quintiles—, se observa que en el grupo de menores ingresos (quintil más bajo) el déficit económico acompaña a las personas durante todo su ciclo de vida, mientras que el superávit, es decir, cuando los ingresos superan el consumo, se concentra principalmente en el grupo de mayores ingresos (quintil más alto). Los datos también revelan que, contrario a lo que podría esperarse, el consumo no disminuye en las edades avanzadas, sino que aumenta. Asimismo, al analizar las CNI según los tipos de hogar (unipersonal, nuclear sin hijos, nuclear con hijos, monoparental, y extenso o compuesto), se concluye que, en general, la capacidad de ahorro durante las etapas de superávit es baja en la mayoría de los hogares colombianos.
Esta socialización de estos casos dejó en evidencia que la mayoría de la población en la región no genera ingresos suficientes para financiar su propio consumo, ni siquiera durante su etapa de mayor productividad laboral. La realidad refuerza una idea planteada al inicio por Cecchini, quien destacó que estas metodologías "permiten identificar cómo se distribuyen los recursos económicos entre distintos grupos poblacionales y proyectar a futuro cómo se financian los sistemas de protección social, de salud, de cuidados y de educación, y también cómo redistribuir mejor los recursos entre generaciones y entre grupos socioeconómicos".
La mayoría de las reflexiones en el desarrollo del evento giraron en torno a las cuestiones planteadas por Zulma Sosa, coordinadora del Área de Población y Desarrollo del CELADE: ¿cómo ampliar la etapa superavitaria de las personas a partir del diseño de políticas públicas?, y ¿cómo diseñar políticas intergeneracionales que permitan que la población capacitada continúe produciendo y aportando a la economía de su país? Estas preguntas podrán tener respuestas distintas en cada país, dependiendo de la capacidad de quienes toman decisiones para comprender y aprovechar estas herramientas en el diseño de políticas públicas basadas en evidencia.
Consulte los videos del Seminario Regional 2026: Envejecimiento en sociedades desiguales:
Día 1
Día 2
Información publicada el 6 de julio de 2026
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